¿Un nivel alto de bienestar requiere de una sociedad que valore el igualitarismo?

Parece evidente que valores como la igualdad y el nivel de bienestar de una sociedad tienen mucho que ver pero ¿todos tenemos claro el signo de dicha relación? Es decir, ¿una sociedad con un estado social avanzado se construye desde la base de una población que hace del igualatarismo su valor bandera?

Una investigación basada en la quinta oleada de la Encuesta Social Europea (ESS) sobre actitudes y valores de la población, presentaba unas conclusiones bastante curiosas, a juzgar por los comentarios de los propios autores del estudio. Debajo podemos ver un mapa que representa el significado que tiene el valor igualitarismo para las distintas sociedades europeas que ha sido tomado de dicho artículo:

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Estados del bienestar hay unos cuantos, tantos como países, aunque se les puede agrupar en diferentes modelos en función de la eficiencia —capacidad para mantener altas tasas de empleo—, y el grado de distribución de la riqueza que genera la sociedad. Si nos fijamos en los países nórdicos, veríamos que éstos obtienen resultados óptimos en ambos apartados, sin embargo, el igualitarismo no sería el valor más importante en su escala colectiva.modelos_de_bienestar_en_europaLos países con valores menos igualitarios serían, según la ESS, los países nórdicos, Alemania, el Reino Unido e Irlanda. Los dos últimos se ajustan al estereotipo pero los primeros, se alejan bastante. Por el contrario, en los países mediterráneos la sed de igualdad está más presente. ¿Se podría plantear como hipótesis que allí donde la equidad es real es menos valorada y viceversa? Puede ser pero también es posible que esta información la utilicen los partidos políticos para elaborar los discursos con los que tratarán de llevarnos al huerto. Echemos un vistazo a estos datos:

ingresos_estado_union_europeaLa lógica dice que cuanto más inversión se realice en bienestar, menor será el nivel de probreza de una sociedad. Según los datos anteriormente reseñados el sistema fiscal español tiene un problema de diseño, por más que se le quiera echar la culpa de todos los males a la economía sumergida (Italia también la padece de forma análoga a España y recauda mucho más, arriba se pueden ver los datos comparados de ingresos). Vamos, que se recauda poco y mal. No parece, por tanto, que bajar los impuestos sea la mejor idea en estos momentos como prometen algunos, so pena de seguir atizándole al maltrecho y paupérrimo estado de bienestar que nos queda. Es posible que la eficiencia en la gestión de la administración del estado suponga una dimensión de la justicia redistributiva que haya que sacar a relucir.

De momento, se considera ineficiente, dentro del discurso político preponderante en España, todo lo que tenga que ver con la gestión de lo público en oposición a la privada. Desde luego podría ser así la administración tributaria producto de un mal diseño político del impuesto pero, en cambio, el sistema sanitario español es considerado uno de los mejores del mundo, según Bloomberg. Dentro de este ambiente nacen falacias (como que sobran funcionarios o que los impuestos que pagamos son muy altos) que desvían la atención sobre los problemas realmente capitales de la sociedad española.

Pensemos, por un momento, en la economia de la mayoría de las familias españolas. Su renta disponible se ha visto reducida por un recorte de sus sueldos. ¿La mejor forma incrementarlo es bajando impuestos? Algunos expertos piensan que sí. Pero no es menos cierto que la población sufre limitaciones más severas como pagar durante 30 o 40 años (volver al nivel de bienestar anterior a la crisis dicen que nos costará 20 años) por una casa cuyo precio fue engordado con esteroides producto de la burbuja inmobiliaria. Una quita del 38,5% en las cuotas de las 1.238.890 hipotecas que se firmaron en 2007 (porcentaje que supone la caída acumulada del precio de la vivienda desde dicho año) daría mejores resultados que las puesta en práctica de ciertas promesas electoralistas que vamos a sufrir de aquí al año 2015. Eso sin hablar de los cárteles energéticos, de la electricidad y del petróleo, que también le dan otro hermoso bocado a la renta de las familias.

Desde luego, al poder político le es más fácil explicar en España, y justificarlo, una bajada de impuestos recubierta con el papel de celofán del igualitarismo que obligar a bancos, farmacéuticas, eléctricas y petroleras a reducirles sus pingües beneficios, ya sea por vía fiscal, ya sea por el menoscabo de sus prácticas abusivas.